jueves, 27 de noviembre de 2008

EL ABUSO DE LA RELIGION ES UNA ARMA DEMASIADO TOSCA EN MANOS DEL TIRANO; SU VERDADERO PODER RESIDE EN LA CORRUPCION QUE EXPANDE

Los tiranos mismos encontraban muy extraño que los hombres pudiesen aguantar a un hombre que les hiciese mal; por ello tendieron a parapetarse tras la religión, y, si ello era posible, a utilizar alguna prueba de divinidad como sostén de su malvada vida...

...Los nuestros sembraron en Francia... sapos, flores de lis, la santa ampolla y la oriflama. De lo cual, por mi parte, y sea como sea, no quiero descreer, porque ni nosotros ni nuestros ancestros hemos tenido motivo para ello, pues hemos tenido siempre reyes tan buenos en la paz y tan valientes en la querra que, sea como sea, y aunque han nacido reyes, no parece que hayan sido hechos, como los demás, por la naturaleza, sino elegidos por Dios omnipotente, antes de nacer, para gobierno y conservación de este reino. Y aun cuando esto no fuera así, no quisiera entrar yo en liza para debatir la verdad de nuestras historias, ni expurgarlas tan minuciosamente, por no destruir este bello entretenimiento en el que podrá ejercitarse nuestra poesía francesa, aún sin desarrollar, sino, como parece, creada toda por nuestro Ronsard, nuestro Baif, nuestro du Bellay, que en esto favorecen tanto nuestra lengua que me atrevo a esperar que pronto los griegos y los latinos podrán, a este respecto, aventajarnos en antigüedad. Y, ciertamente, haría yo un gran daño a nuestra poesía (y uso con gusto esta palabra, y no me disgusta, porque aunque muchos la hayan convertido en un término técnico, yo veo sin embargo a bastante gente capaz de ennoblecerla y de devolverla a su primer honor), yo le haría daño, digo, si le arrebatase ahora estos bellos cuentos del rey Clovis, con los que ya me parece ver con cuánto agrado, con cuánto contento se expandirá la vena de nuestro Ronsard en su Franciade...

...jamás ha sucedido que los tiranos, para asegurarse, no se hayan esforzado por hacer que el pueblo se les acostumbre, y no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. Así pues, lo que hasta aquí he dicho [de los medios] que incitan a los pueblos a servir de mejor gana, apenas sirve a los tiranos solamente para el pueblo bajo y grosero.

Mas llego ahora a un punto que en mi opinión es el resorte y el secreto de la dominación. Quien piense que las alabarbas, las guardias y la vigilancia de los espías protegen a los tiranos, a mi juicio se equivoca mucho. Estos se sirven de aquéllas, según creo, más por la costumbre establecida y a modo de espantapájaros que porla confianza que les puedan tener... no son las armas las que defienden al tirano. No se creerá al principio, pero es verdad que siempre son cinco o seis los que mantienen al tirano, cuatro o cinco los que para él mantienen a todo el país en la servidumbre. Siempre son cinco o seis los que se hacen escuchar por el tirano, y se lo han ganado por ellos mismos, o bien han sido llamados por él para ser cómplices de sus crueldades, compañeros de sus placeres, alcahuetes de su lujuria, y partícipes de los beneficios de sus saqueos. Estos seis dirigen tan bien a su jefe que a éste le es necesario, para [fortalecer] su sociedad, ser malvado no sólo por sus [propias] maldades, sino también por las de aquéllos. Estos seis tienen a seiscientos que prosperan bajo su protección, y hacen con esos seiscientos lo que ellos hacen con el tirano. Y estos seiscientos tienen bajo ellos a seis mil, a los que han otorgado privilegios y a los que hacen que se les dé o el gobierno de las provincias, o el manejo de estas últimas, a fin de que favorezcan su avaricia y crueldad y la ejecuten cuando llegue el tiempo [propicio], y hagan por lo demás tanto mal que sólo puedan sobrevivir bajo su sombra, y eximirse de las leyes y de los castigos [que les corresponderían] solamente por su medio. Grande es el cortejo que viene detrás de todo esto, y quien quiera entretenerse en tirar de este hilo, verá que no son aquellos seis mil, sino cien mil, sino millones, los que se atan al tirano con él, sirviéndose de este hilo como Júpiter, que, según Homero, se jactaba de arrastrar hacia sí todos los dioses si tiraba de una cadena. De ahí vino el aumento del número de senadores bajo Julio [César], el establecimiento de nuevos estados, la creación de oficios; no, ciertamente, si lo entendemos bien, la reforma de la justicia, sino nuevos sostenes de la tiranía.

En suma, que con esto llegan, a través de favores o componendas, las ganancias o las retribuciones que se obtienen con los tiranos, de manera que al final se halla casi tanta gente para la que la tiranía parece ser beneficiosa, como gente para la cual la libertad sería agradable... desde el momento en que un rey se proclama tirano, todo malvado, toda la hez del reino, no digo un montón de ladrones y desorejados que apenas pueden hacer mal ni bien en una república, sino aquéllos que están poseídos por una ardiente ambición y una avaricia notable, se amontonan a su alrededor y le apoyan para tener su parte en el botín y ser ellos mismos tiranuelos al amparo del tirano...

Así subyuga el tirano a sus súbditos: a unos por medio de otros, y es guardado por aquellos de los que, si tuvieran algún valor, debería guardarse él.
Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 48-52.

martes, 25 de noviembre de 2008

DOMINACION POR EL ENTRETENIMIENTO

...Mas esta astucia del tirano, embrutecer a sus súbditos, no se puede conocer más claramente que por lo que Ciro hizo a los lidos cuando, tras haberse apoderado de Sardes, la capital de Lidia, y tras tener a su merced a Creso, aquel rey tan rico, y haberle hecho prisionero, se le dio la noticia de que los sardos se habían sublevado. Pronto los hubo reducido bajo su mano; mas, no queriendo saquear ciudad tan bella, ni verse siempre en la dificultad de mantener en ella un ejército para guardarla, se le ocurrió un gran remedio para asegurársela: estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, e hizo publicar una disposición según la cual sus habitantes debían frecuentarlos. Esta huarnición resultó tan eficaz que desde entonces nunca más fue necesario utilizar la espada contra los lidios: estas pobres y miserables gentes se entretuvieron en inventar todo tipo de juegos... No todos los tiranos han declarado expresamente así que quisieran afeminar a sus gentes; pero, en verdad, lo que aquél ordenó formal y efectivamente, la mayoría lo ha intentado secretamente.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, pág. 44.

Continúa el tema de la dominación, el embrutecimiento del pueblo, la sumisión mediante el entretenimiento. Vivimos en la sociedad del entretenimiento. ¿Alguien duda de su utilidad política?

viernes, 21 de noviembre de 2008

LA TIRANIA DESPOTICA NO ES COSA DE AHORA, SINO DE SIEMPRE. EL TOTALITARISMO ES UN IMPULSO ETERNO DEL HOMBRE

El Gran Turco ha caído bien en la cuenta de que los libros y la doctrina dan a los hombres, más que cualquier otra cosa, el sentido y el entendimiento para reconocerse y odiar la tiranía. Entiendo que en sus tierras apenas tiene sabios, y tampoco los solicita [de otras]. Ahora bien, por lo común el mucho celo y el afecto de aquellos que han preservado a pesar de los tiempos la devoción por la libertad, y por muchos que sean, es estéril porque no se reconocen entre sí: bajo el tirano, han sido totalmente despojados de la libertad de obrar, de hablar y casi de pensar, y permanecen aislados en sus fantasías. Por ello, Momo, el dios burlón, no se mofó demasiado cuando halló esto para criticar en el hombre que había hecho Vulcano: que no le había puesto una pequeña ventana en el corazón para que a través de ella se pudiesen ver sus pensamientos.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 41-42.

Que nadie piense que estas palabras del escritor de hace cinco siglos han perdido vigencia. En este mundo audiovisual la palabra ha perdido peso, y con ella, el pensamiento. Pero la virtud liberadora de una y de otro nunca ha decaído. Ahora bien, si nos complacemos más en espectáculos audiovisuales y menos en la lectura, somos menos libres, aunque, eso sí, mucho más modernos. Lo moderno es la esclavitud del homo videns.

Y es que quienes nos gobiernan, quienes nos mandan, quienes albergan en su corazón el deseo de acumular poder, siempre han deseado controlar a sus sometidos en aquella parte de ellos que saben que es el motor de su vida: su pensamiento y su voluntad. Los medios para hacerlo cambian. Antiguamente la religión era un buen instrumento de control. Hoy lo son los medios de comunicación y entretenimiento. La finalidad ha sido, es y será siempre la misma: que la gente no albergue ideas ni deseos que menoscaben el poder de quienes lo tienen, o que albergue ideas y deseos que aumenten el poder de quienes lo ambicionan. En suma, se trata de hacer de los hombres ovejas. Y de los lobos sus pastores.

Por último, obsérvese la inteligencia con que de la Boétie describe lo que se hace con la intelectualidad molesta. Se aisla a quienes son críticos, de modo que la falta de contacto con pensamientos afines les embote la mente, les haga creer que son víctimas de algún trastorno, que están locos y que los cuerdos son quienes les rodean. Se les aísla hasta que su propio pensamiento les parezca irreal. El coro multitudinario les hace creer en su propia idiocia. Hoy día ese coro aparece en las pantallas de nuestros televisores, se cuela en nuestros salones, nos pilla en pijama, desprevenidos, cuando no estábamos pensando en ello, nos abruma con su poder seductor y con su avalancha de sensaciones, nos aturde y final y paradójicamente nos convence. Aislado en su cubículo, el homo videns ha dejado de confiar en su propio pensamiento. Ahora no piensa. Sólo sigue las consignas que los representantes del coro mediático le vocean desde el tubo catódico o la pantalla plana. A la mañana siguiente, se levanta y, en la cafetería, mientras se come el croissant y se toma el primer cortadito de la mañana, habla con sus compañeros y, como sin querer, repite lo que oyó la noche anterior en el talk-show de turno.

De la Boétie, siempre tan actual...

miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA PRIMERA CAUSA DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

Es verdad que al principio se sirve forzado y vencido por la fuerza. Pero los que vienen después sirven sin pesar, y hacen gustosamente aquello que sus antecesores habían hecho por coacción. Ello es así porque los hombres que nacen bajo el yugo y son después criados y educados en la servidumbre, sin mirar más allá, se contentan con vivir como han nacido, y como no piensan tener otro bien ni poseer otro derecho que aquel con el que se han encontrado, toman por su natural el estado en que han nacido. Y sin embargo no hay heredero tan pródigo e indolente que no eche alguna vez un vistazo a los registros de su padre para comprobar si goza de todos los derechos de su sucesión o si no se le ha usurpado algo a él o a su predecesor. Pero, ciertamente, la costumbre, que en todo tiene un gran poder sobre nosotros, para nada tiene mayor fuerza que para enseñarnos a servir y (al igual que se dice de Mitrídates que se habituó a beber veneno) para enseñarnos a tragar y no encontrar amarga la ponzoña de la servidumbre. No puede negarse que la naturaleza tenga sobre nosotros algún poder para arrastrarnos a donde quiera y hacernos bien o mal nacidos, pero es necesario confesar que la naturaleza tiene menos poder sobre nosotros que la costumbre, porque el natural, por bueno que sea, se pierde si no es mantenido, y la educación nos hace siempre según es su forma, sea como sea, a pesar de la naturaleza....

... La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero su naturaleza también es tal que el hombre se pliega naturalmente a lo que la educación le da.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págS. 36-37, 40.

viernes, 14 de noviembre de 2008

COMO COMBATIR LA TIRANIA

Es cosa extraña oír hablar de la valentía que la libertad inspira en el corazón de los que la defienden. Mas lo que se hace en todo país, por todos los hombres, todos los días: que un hombre domeñe a cien mil, y les prive de su libertad, ¿quién lo creería si sólo lo oyera pero no lo viese, y si solamente se hiciese en países extraños y en tierras lejanas, y se supiera solo de oídas?, ¿quién no pensaría que esto es algo más bien fingido e inventado que verdadero? Aun así, no hay necesidad de combatir a este solo tirano, no hay necesidad de derrotarlo; es derrotado por sí solo con tal de que el país no consienta a su servidumbre; no hay que quitarle nada, sino nada darle; no hay necesidad de que el país se moleste en hacer nada por sí, con tal de que nada haga contra sí mismo. Son los pueblos mismos los que se dejan, o más bien se hacen devorar, pues dejando de servir se librarían de él.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, pág. 29.

jueves, 13 de noviembre de 2008

LA CUESTION ESENCIAL EN POLITICA



ETIÉNNE DE LA BOÉTIE

Ciertamente, es gran cosa, y sin embargo es tan común que estamos lejos de afligirnos, y mucho más aún de sorprendernos por ello, ver a un millón de hombres servir miserablemente, con el cuello bajo el yugo, no forzados por una fuerza mayor, sino de algún modo (eso parece) como encantados y fascinados por el solo nombre de uno, del que no deben ni temer su poder, pues está solo, ni amar sus cualidades, pues es con ellos inhumano y salvaje. La debilidad entre nosotros los hombres es tal, que a menudo es necesario que obedezcamos a la fuerza, es necesario que difiramos la acción, no podemos ser siempre los más fuertes... Nuestra naturaleza es tal que los comunes deberes de la amistad se llevan una buena parte del curso de nuestra vida: es razonable amar la virtud, estimar las buenas acciones, reconocer el bien de quien se ha recibido, y a menudo disminuir nuestra comodidad para aumentar el honor y las ventajas de aquel que amamos y lo merece. Así pues, si los habitantes de un país han hallado algún personaje que les haya mostrado fehacientemente una gran previsión para protegerles, una gran audacia para defenderles, una gran solicitud para gobernarlos; si a partir de entonces se acostumbran a obedecerle, y se fían de él tanto como para darle algunos privilegios, no sé si obrarán sabiamente, en tanto que con ello se le desplaza de una posición en la que hacía el bien para ponerlo en situación de poder hacer el mal. Mas, ciertamente, al menos no podría dejar de haber bondad [en el hecho] de no temer mal alguno de quién sólo se ha recibido bien.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 26-27.

sábado, 18 de octubre de 2008

CONFERENCIAS Y CONFERENCIAS...

No suelo ir yo a conferencias. En general me parecen unos peñazos. Normalmente con buenos motivos.

Por ejemplo, anteayer hablaba en Las Palmas el profesor de filosofía italiano Gianni Vattimo. Vattimo es conocido entre los miembros del gremio, y un poco (pero sólo un poco más allá) por haber lanzado al ágora una cosa a la que él dio en llamar il pensiero debole. Viene a ser una propuesta sincrética de hegelianismo, de hermenéutica heideggeriana, de pragmatismo americano y unas cuantas corrientes filosóficas más, cuyo mayor atractivo reside, pienso, en su etiqueta (aunque ese atractivo, comprenderéis, funciona sobre todo con quienes desean la muerte del pensamiento).


GIANNI VATTIMO

Vattimo es un señor muy simpático. No tengais duda sobre eso. Habla un español aceptable, salpicado por unos cuantos quindis que le dan un delicioso sabor italiano, y, como ya tiene una cierta edad, tiene recuerdos, cosas interesantes que contarnos sobre su vida y la vida de su país, de las que podemos aprender. Ahora bien, como filósofo, Vattimo, en mi modesta opinión, no es más que un muñidor de "productos", de "etiquetas". La suya de "pensamiento débil" resultó afortunada por su carga paradójica. Ahora, bien, el pensamiento real que se esconde tras dicha etiqueta es, a juzgar por lo que le escuché anteanoche, realmente débil.

Esto no es una crítica filosífica. Es la crítica de un oyente de cultura media, que escuchó impertérrito a este profesor italiano profesar su admiración por Zapatero, afirmar el "carácter transpolítico del cristianismo", denostar la Ilustración como mero exceso (hubo excesos, ya lo sabemos, pero tales excesos no pueden empañar la imagen de lo que ha sido el mayor logro cultural de la civilización occidental), criticar a los mártires del cristianismo por despreciativos de la vida y proclives a la barbarie (sin contextualizar el martirio, y por cierto negando la condición de mártires a los cinco millones de judíos exterminados por los nazis. ¿Quiénes serían los bárbaros en este caso?), tratar el comunismo como un sistema esencialmente bueno pero pervertido por las circunstancias, y defender, en fin, su propuesta personal cristiano-comunista, que a mí, personalmente, se me atragantó como lo haría un polvorón comido de golpe y sin acompañamiento líquido.


Así que, sí, soporté a Vattimo todo lo que pude (que no fue mucho, en realidad). Pero compensé con creces anoche. En la sala de cine del Gran Hotel Costa Meloneras, en Maspalomas, Gran Canaria, concluía anoche el 18º Coloquio de Historia Canario Americana, con una ponencia, simplemente excepcional, del hispanista francés Joseph Pérez quien, con su vigorosa oratoria, la contundencia de los datos con que respaldó su tesis, y el oficio de un viejo maestro en lo suyo, de un historiador ya aclamado por obras tan significativas como Los judíos en España o La Inquisición española: crónica negra del Santo Oficio, nos expuso a todos los presentes una idea que no casa con la catarata de prejuicios en que vivimos:

La Revolución Francesa tuvo sólo una influencia muy débil en los acontecimientos que precipitaron la emancipación de las colonias españolas en América. Esta fue fundamentalmente un movimiento criollo reaccionario, que pretendía salvaguardar el orden esclavista de la perniciosa influencia revolucionaria, que se había extendido a España tras la conquista del país por Napoleón. Sólo gracias al genio de Bolívar, que había comprendido que los intereses de la oligarquía criolla convertían en aliados naturales a las tropas españolas y a los pobres desheredados que aquella explotaba, y que esa alianza había que romperla para poder emanciparse, algunas ideas "revolucionarias" fueron aceptadas pragmáticamente por los criollos, con el fin de atrarse las simpatías de negros, indios y mulatos, quienes desde un primer momento se habían opuesto a la independencia, pasando a formar parte del ejército español.



JOSEPH PÉREZ

Así pues, el movimiento emancipador en América Latina no fue, ni mucho menos, un movimiento revolucionario, sino conservador e incluso francamente reaccionario, y en buena medida también "bonapartista", pues copió el modelo de cesarismo que Napoleón implantó en Europa, dando así nacimiento a la tradición latinoamericana de dictadores populistas que llega hasta hoy.

De veras que mereció la pena escuchar a Joseph Pérez.

jueves, 16 de octubre de 2008

¿POR QUE SEGUIR HACIENDO FILOSOFIA JURIDICA? (primera parte)

¿Qué podría importar? ¿No es cierto que vivimos en una sociedad hipertecnificada, en la que todo, absolutamente todo, ha pasado a ser objeto de técnicas estandarizadas de control, basadas en datos de carácter estadístico y en leyes generales de la psicología, de la economía y de la sociología? Siendo así, ¿por qué nos molestamos con algo tan periclitado como la Filosofía del Derecho? Un saber que ha sido reemplazado y enviado a la residencia de ancianos y enfermos terminales. No parece que tenga mucho sentido tratar de resucitar este cadáver...

Y sin embargo, yo pienso que no hay nada más necesario que recuperar la visión humanista del Derecho. En estas sociedades occidentalizadas la condición de ciudadano ha cedido su puesto privilegiado a la de elemento integrante de la cadena de producción y consumo; el sujeto ha dejado de tener la posibilidad real de ser una voz (una más, pero una voz) en el ágora y se ha convertido en puro "espectador" de la "nueva realidad": una realidad que, ahora que somos conscientes de que es creación nuestra, hemos comenzado a manipular deliberadamente para producir hartazgo, confusión, conformidad y sumisión: una sumisión que ya no es la mera sumisión a quien tiene poder de vida o muerte sobre ti, sino que es sumisión ante quien puede controlar cada hebra de tu alma, cada mínimo contenido de tu conciencia, cada pulsión de tu voluntad.

Todos los mecanismos de vida colectiva se han puesto al servicio de este nuevo poder, que es un poder total, que ya no necesita ser totalitario como lo fueron el nazismo y el estalinismo, regímenes estos que conseguían controlar, que no dominar, las almas, mediante la dominación de los cuerpos y una incipiente propaganda. El nuevo poder no necesita recurrir a la tortura, a menos que consideremos "tortura" el bombardeo masivo, indiscriminado, impúdico y vomitivo de basura estética, intelectual y moral a través de los medios de comunicación de masas. Ni tampoco al homicidio, a menos que consideremos como homicidio la aniquilación perdurable de la parte más noble del hombre, bajo oleadas de trivialidad y entretenimiento programado por esos mismos medios de comunicación de masas.

Estos son el principal medio de control social hoy en día. Sus detentadores lo saben, se saben los verdaderos titulares del poder en nuestras sociedades postmodernas, y lo ejercen sin contemplaciones. Todos las demás piezas integrantes de nuestra organización social, incluido el Derecho, se han convertido en servidoras del complejo entramado de dominación por el entretenimiento y el consumo en que consisten los sistemas políticos de las sociedades occidentalizadas. Y así, no es sorprendente que haya cambios legislativos que han sido hechos posibles por una afortunada combinación de reportajes televisivos y películas de cine que han contado con el respaldo expreso de las máximas autoridades políticas del país.

Hoy día se gobierna a través de la televisión. Ergo, la televisión es el gobierno, es parte de él. No importa que no esté claramente expresado en estos términos en nuestras leyes. El que nuestras leyes no consagren el nuevo régimen no le resta ni un átomo de su fuerza. No existe hoy día una fiel correspondencia entre el sistema político establecido en nuestra Constitución y el sistema político efectivamente vigente en el país. En términos de politólogos, esto significa que buena parte de nuestra Constitución de 1978 no es más que semántica.

(Continuará)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Hybris y Diké

"Una versión particular de la teoría del origen voluntario y humano del Derecho la da Critias (uno de los "Treinta Tiranos" que gobernaron Atenas en los años 404 y 403 después de la rendición de la ciudad a los espartanos, y que, no del todo exactamente suele venir comprendido entre los sofistas). En su drama satírico, Sísifo, describe un estado de naturaleza "sin premio para los buenos ni pena para los malos", desordenado, feroz y dominado por la violencia, para poner fin al cual los hombres crearon "leyes punitivas, de forma que la justicia (dikè) fuese reina de todos y tuviese a la fuerza (hybris) como esclava. Pero los hombres continuaban cometiendo violencias a escondidas, y por esta causa "algún hombre prudente y sabio inventó para los hombres el temor de los dioses, a fin de que esto fuese un fantasma para los malvados, aunque lo hecho, dicho o meditado se realizara a escondidas".


Guido FASSÒ, Historia de la Filosofía del Derecho 1 - De la Antigüedad a la Edad Media, pág. 39.

jueves, 4 de septiembre de 2008

EL ANALFABETISMO, CANTIDAD POSITIVA

(Como no me apetece dejar nada propio por aquí hoy, me limito a dejaros un texto de otro. Pero no diré quién es el autor. Dejo a vuestra pericia el averiguarlo)


EL ANALFABETISMO, CANTIDAD POSITIVA

Parece que la joven República española va a tomarla con el analfabetismo. El analfabetismo, como causa de atraso y de barbarie, es una superstición de nuestras izquierdas. "Hay que leer", se dice; pero "¿Qué es lo que hay que leer?", preguntaría yo. Para mí este punto es de una importancia capital, y mientras alguien no me lo aclare de un modo satisfactorio, votaré por el analfabetismo. Yo creo, en efecto, que si España quiere conservar la originalidad de su carácter y de su inteligencia tiene que poner a salvo de las pamplinas periodísticas y los lugares comunes literarios un 50 por 100, cuando menos, de su población. Muy bien que en los Estados Unidos, el país de los trajes hechos y de las sopas hechas, la gente utilice también pensamientos de fábrica. En este país el desarrollo de la instrucción primaria está justificado por la necesidad de destruir el pensamiento individual, pero España es el país más individualista del mundo, y no se puede ir así como así contra el genio de una raza. Ahí cada cual quiere pensar por su cuenta, y hace bien. Un pensamiento propio, por modesto que sea, vale más para uno que todo Pascal o La Rochefoucauld.

No hay que homologar el analfabetismo a la estupidez. Al contrario. Sin hablar de Homero, que era un analfabeto, ni de las sagas norsas, que fueron hechas por analfabetos, ¿en dónde hay una literatura comparable a la de nuestro refranero y nuestra poesía popular? La cultura no aminora la estupidez de nadie. Puede aminorar el entendimiento, eso sí, pero nunca la estupidez, para la que constituye, en cambio, un instrumento precioso. Por mi parte opino que en España sólo los analfabetos conservan íntegra la inteligencia, y si algunas conversaciones españolas me han producido un placer verdaderamente intelectual, no han sido tanto las del Ateneo o la Revista de Occidente como las de esos marineros y labradores que, no sabiendo leer ni escribir, enjuician todos los asuntos de un modo personal y directo, sin lugares comunes ni ideas de segunda mano.

Convendría dejar ya de considerar el analfabetismo español como una cantidad negativa y empezar a estimarlo en su aspecto positivo de afirmación individual contra la estandardización del pensamiento. Pizarro firmó con una cruz el acta notarial en que se comprometía a descubrir un imperio llamado Birú o Pirú, que quizás estuviese bastante al sur del Darien, y terminó la conquista con otra cruz; una cruz que trazó con su propia sangre sobre las baldosas de su palacio de Lima, al caer en él acribillado a estocadas. Y no es que Pizarro haya descubierto el Perú a pesar de ser un analfabeto. Es que, probablemente, sólo muy lejos de la letra de molde se pueden forjar caracteres de tanto temple.

Claro que ningún país puede mantenerse en pleno analfabetismo. Alguien tiene en él que saber de letras y de números, como alguien tiene que saber de leyes, alguien de ingeniería, alguien de medicina, etc.; pero mi ideal con respecto a España es éste: mientras no se descubra un procedimiento para que sean los analfabetos quienes escriban, que el arte de leer se convierta en una profesión y que sólo puedan ejercerlo algunos hombres debidamente autorizados al efecto por el Estado.