sábado, 18 de octubre de 2008

CONFERENCIAS Y CONFERENCIAS...

No suelo ir yo a conferencias. En general me parecen unos peñazos. Normalmente con buenos motivos.

Por ejemplo, anteayer hablaba en Las Palmas el profesor de filosofía italiano Gianni Vattimo. Vattimo es conocido entre los miembros del gremio, y un poco (pero sólo un poco más allá) por haber lanzado al ágora una cosa a la que él dio en llamar il pensiero debole. Viene a ser una propuesta sincrética de hegelianismo, de hermenéutica heideggeriana, de pragmatismo americano y unas cuantas corrientes filosóficas más, cuyo mayor atractivo reside, pienso, en su etiqueta (aunque ese atractivo, comprenderéis, funciona sobre todo con quienes desean la muerte del pensamiento).


GIANNI VATTIMO

Vattimo es un señor muy simpático. No tengais duda sobre eso. Habla un español aceptable, salpicado por unos cuantos quindis que le dan un delicioso sabor italiano, y, como ya tiene una cierta edad, tiene recuerdos, cosas interesantes que contarnos sobre su vida y la vida de su país, de las que podemos aprender. Ahora bien, como filósofo, Vattimo, en mi modesta opinión, no es más que un muñidor de "productos", de "etiquetas". La suya de "pensamiento débil" resultó afortunada por su carga paradójica. Ahora, bien, el pensamiento real que se esconde tras dicha etiqueta es, a juzgar por lo que le escuché anteanoche, realmente débil.

Esto no es una crítica filosífica. Es la crítica de un oyente de cultura media, que escuchó impertérrito a este profesor italiano profesar su admiración por Zapatero, afirmar el "carácter transpolítico del cristianismo", denostar la Ilustración como mero exceso (hubo excesos, ya lo sabemos, pero tales excesos no pueden empañar la imagen de lo que ha sido el mayor logro cultural de la civilización occidental), criticar a los mártires del cristianismo por despreciativos de la vida y proclives a la barbarie (sin contextualizar el martirio, y por cierto negando la condición de mártires a los cinco millones de judíos exterminados por los nazis. ¿Quiénes serían los bárbaros en este caso?), tratar el comunismo como un sistema esencialmente bueno pero pervertido por las circunstancias, y defender, en fin, su propuesta personal cristiano-comunista, que a mí, personalmente, se me atragantó como lo haría un polvorón comido de golpe y sin acompañamiento líquido.


Así que, sí, soporté a Vattimo todo lo que pude (que no fue mucho, en realidad). Pero compensé con creces anoche. En la sala de cine del Gran Hotel Costa Meloneras, en Maspalomas, Gran Canaria, concluía anoche el 18º Coloquio de Historia Canario Americana, con una ponencia, simplemente excepcional, del hispanista francés Joseph Pérez quien, con su vigorosa oratoria, la contundencia de los datos con que respaldó su tesis, y el oficio de un viejo maestro en lo suyo, de un historiador ya aclamado por obras tan significativas como Los judíos en España o La Inquisición española: crónica negra del Santo Oficio, nos expuso a todos los presentes una idea que no casa con la catarata de prejuicios en que vivimos:

La Revolución Francesa tuvo sólo una influencia muy débil en los acontecimientos que precipitaron la emancipación de las colonias españolas en América. Esta fue fundamentalmente un movimiento criollo reaccionario, que pretendía salvaguardar el orden esclavista de la perniciosa influencia revolucionaria, que se había extendido a España tras la conquista del país por Napoleón. Sólo gracias al genio de Bolívar, que había comprendido que los intereses de la oligarquía criolla convertían en aliados naturales a las tropas españolas y a los pobres desheredados que aquella explotaba, y que esa alianza había que romperla para poder emanciparse, algunas ideas "revolucionarias" fueron aceptadas pragmáticamente por los criollos, con el fin de atrarse las simpatías de negros, indios y mulatos, quienes desde un primer momento se habían opuesto a la independencia, pasando a formar parte del ejército español.



JOSEPH PÉREZ

Así pues, el movimiento emancipador en América Latina no fue, ni mucho menos, un movimiento revolucionario, sino conservador e incluso francamente reaccionario, y en buena medida también "bonapartista", pues copió el modelo de cesarismo que Napoleón implantó en Europa, dando así nacimiento a la tradición latinoamericana de dictadores populistas que llega hasta hoy.

De veras que mereció la pena escuchar a Joseph Pérez.

jueves, 16 de octubre de 2008

¿POR QUE SEGUIR HACIENDO FILOSOFIA JURIDICA? (primera parte)

¿Qué podría importar? ¿No es cierto que vivimos en una sociedad hipertecnificada, en la que todo, absolutamente todo, ha pasado a ser objeto de técnicas estandarizadas de control, basadas en datos de carácter estadístico y en leyes generales de la psicología, de la economía y de la sociología? Siendo así, ¿por qué nos molestamos con algo tan periclitado como la Filosofía del Derecho? Un saber que ha sido reemplazado y enviado a la residencia de ancianos y enfermos terminales. No parece que tenga mucho sentido tratar de resucitar este cadáver...

Y sin embargo, yo pienso que no hay nada más necesario que recuperar la visión humanista del Derecho. En estas sociedades occidentalizadas la condición de ciudadano ha cedido su puesto privilegiado a la de elemento integrante de la cadena de producción y consumo; el sujeto ha dejado de tener la posibilidad real de ser una voz (una más, pero una voz) en el ágora y se ha convertido en puro "espectador" de la "nueva realidad": una realidad que, ahora que somos conscientes de que es creación nuestra, hemos comenzado a manipular deliberadamente para producir hartazgo, confusión, conformidad y sumisión: una sumisión que ya no es la mera sumisión a quien tiene poder de vida o muerte sobre ti, sino que es sumisión ante quien puede controlar cada hebra de tu alma, cada mínimo contenido de tu conciencia, cada pulsión de tu voluntad.

Todos los mecanismos de vida colectiva se han puesto al servicio de este nuevo poder, que es un poder total, que ya no necesita ser totalitario como lo fueron el nazismo y el estalinismo, regímenes estos que conseguían controlar, que no dominar, las almas, mediante la dominación de los cuerpos y una incipiente propaganda. El nuevo poder no necesita recurrir a la tortura, a menos que consideremos "tortura" el bombardeo masivo, indiscriminado, impúdico y vomitivo de basura estética, intelectual y moral a través de los medios de comunicación de masas. Ni tampoco al homicidio, a menos que consideremos como homicidio la aniquilación perdurable de la parte más noble del hombre, bajo oleadas de trivialidad y entretenimiento programado por esos mismos medios de comunicación de masas.

Estos son el principal medio de control social hoy en día. Sus detentadores lo saben, se saben los verdaderos titulares del poder en nuestras sociedades postmodernas, y lo ejercen sin contemplaciones. Todos las demás piezas integrantes de nuestra organización social, incluido el Derecho, se han convertido en servidoras del complejo entramado de dominación por el entretenimiento y el consumo en que consisten los sistemas políticos de las sociedades occidentalizadas. Y así, no es sorprendente que haya cambios legislativos que han sido hechos posibles por una afortunada combinación de reportajes televisivos y películas de cine que han contado con el respaldo expreso de las máximas autoridades políticas del país.

Hoy día se gobierna a través de la televisión. Ergo, la televisión es el gobierno, es parte de él. No importa que no esté claramente expresado en estos términos en nuestras leyes. El que nuestras leyes no consagren el nuevo régimen no le resta ni un átomo de su fuerza. No existe hoy día una fiel correspondencia entre el sistema político establecido en nuestra Constitución y el sistema político efectivamente vigente en el país. En términos de politólogos, esto significa que buena parte de nuestra Constitución de 1978 no es más que semántica.

(Continuará)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Hybris y Diké

"Una versión particular de la teoría del origen voluntario y humano del Derecho la da Critias (uno de los "Treinta Tiranos" que gobernaron Atenas en los años 404 y 403 después de la rendición de la ciudad a los espartanos, y que, no del todo exactamente suele venir comprendido entre los sofistas). En su drama satírico, Sísifo, describe un estado de naturaleza "sin premio para los buenos ni pena para los malos", desordenado, feroz y dominado por la violencia, para poner fin al cual los hombres crearon "leyes punitivas, de forma que la justicia (dikè) fuese reina de todos y tuviese a la fuerza (hybris) como esclava. Pero los hombres continuaban cometiendo violencias a escondidas, y por esta causa "algún hombre prudente y sabio inventó para los hombres el temor de los dioses, a fin de que esto fuese un fantasma para los malvados, aunque lo hecho, dicho o meditado se realizara a escondidas".


Guido FASSÒ, Historia de la Filosofía del Derecho 1 - De la Antigüedad a la Edad Media, pág. 39.