jueves, 27 de noviembre de 2008

EL ABUSO DE LA RELIGION ES UNA ARMA DEMASIADO TOSCA EN MANOS DEL TIRANO; SU VERDADERO PODER RESIDE EN LA CORRUPCION QUE EXPANDE

Los tiranos mismos encontraban muy extraño que los hombres pudiesen aguantar a un hombre que les hiciese mal; por ello tendieron a parapetarse tras la religión, y, si ello era posible, a utilizar alguna prueba de divinidad como sostén de su malvada vida...

...Los nuestros sembraron en Francia... sapos, flores de lis, la santa ampolla y la oriflama. De lo cual, por mi parte, y sea como sea, no quiero descreer, porque ni nosotros ni nuestros ancestros hemos tenido motivo para ello, pues hemos tenido siempre reyes tan buenos en la paz y tan valientes en la querra que, sea como sea, y aunque han nacido reyes, no parece que hayan sido hechos, como los demás, por la naturaleza, sino elegidos por Dios omnipotente, antes de nacer, para gobierno y conservación de este reino. Y aun cuando esto no fuera así, no quisiera entrar yo en liza para debatir la verdad de nuestras historias, ni expurgarlas tan minuciosamente, por no destruir este bello entretenimiento en el que podrá ejercitarse nuestra poesía francesa, aún sin desarrollar, sino, como parece, creada toda por nuestro Ronsard, nuestro Baif, nuestro du Bellay, que en esto favorecen tanto nuestra lengua que me atrevo a esperar que pronto los griegos y los latinos podrán, a este respecto, aventajarnos en antigüedad. Y, ciertamente, haría yo un gran daño a nuestra poesía (y uso con gusto esta palabra, y no me disgusta, porque aunque muchos la hayan convertido en un término técnico, yo veo sin embargo a bastante gente capaz de ennoblecerla y de devolverla a su primer honor), yo le haría daño, digo, si le arrebatase ahora estos bellos cuentos del rey Clovis, con los que ya me parece ver con cuánto agrado, con cuánto contento se expandirá la vena de nuestro Ronsard en su Franciade...

...jamás ha sucedido que los tiranos, para asegurarse, no se hayan esforzado por hacer que el pueblo se les acostumbre, y no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. Así pues, lo que hasta aquí he dicho [de los medios] que incitan a los pueblos a servir de mejor gana, apenas sirve a los tiranos solamente para el pueblo bajo y grosero.

Mas llego ahora a un punto que en mi opinión es el resorte y el secreto de la dominación. Quien piense que las alabarbas, las guardias y la vigilancia de los espías protegen a los tiranos, a mi juicio se equivoca mucho. Estos se sirven de aquéllas, según creo, más por la costumbre establecida y a modo de espantapájaros que porla confianza que les puedan tener... no son las armas las que defienden al tirano. No se creerá al principio, pero es verdad que siempre son cinco o seis los que mantienen al tirano, cuatro o cinco los que para él mantienen a todo el país en la servidumbre. Siempre son cinco o seis los que se hacen escuchar por el tirano, y se lo han ganado por ellos mismos, o bien han sido llamados por él para ser cómplices de sus crueldades, compañeros de sus placeres, alcahuetes de su lujuria, y partícipes de los beneficios de sus saqueos. Estos seis dirigen tan bien a su jefe que a éste le es necesario, para [fortalecer] su sociedad, ser malvado no sólo por sus [propias] maldades, sino también por las de aquéllos. Estos seis tienen a seiscientos que prosperan bajo su protección, y hacen con esos seiscientos lo que ellos hacen con el tirano. Y estos seiscientos tienen bajo ellos a seis mil, a los que han otorgado privilegios y a los que hacen que se les dé o el gobierno de las provincias, o el manejo de estas últimas, a fin de que favorezcan su avaricia y crueldad y la ejecuten cuando llegue el tiempo [propicio], y hagan por lo demás tanto mal que sólo puedan sobrevivir bajo su sombra, y eximirse de las leyes y de los castigos [que les corresponderían] solamente por su medio. Grande es el cortejo que viene detrás de todo esto, y quien quiera entretenerse en tirar de este hilo, verá que no son aquellos seis mil, sino cien mil, sino millones, los que se atan al tirano con él, sirviéndose de este hilo como Júpiter, que, según Homero, se jactaba de arrastrar hacia sí todos los dioses si tiraba de una cadena. De ahí vino el aumento del número de senadores bajo Julio [César], el establecimiento de nuevos estados, la creación de oficios; no, ciertamente, si lo entendemos bien, la reforma de la justicia, sino nuevos sostenes de la tiranía.

En suma, que con esto llegan, a través de favores o componendas, las ganancias o las retribuciones que se obtienen con los tiranos, de manera que al final se halla casi tanta gente para la que la tiranía parece ser beneficiosa, como gente para la cual la libertad sería agradable... desde el momento en que un rey se proclama tirano, todo malvado, toda la hez del reino, no digo un montón de ladrones y desorejados que apenas pueden hacer mal ni bien en una república, sino aquéllos que están poseídos por una ardiente ambición y una avaricia notable, se amontonan a su alrededor y le apoyan para tener su parte en el botín y ser ellos mismos tiranuelos al amparo del tirano...

Así subyuga el tirano a sus súbditos: a unos por medio de otros, y es guardado por aquellos de los que, si tuvieran algún valor, debería guardarse él.
Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 48-52.

martes, 25 de noviembre de 2008

DOMINACION POR EL ENTRETENIMIENTO

...Mas esta astucia del tirano, embrutecer a sus súbditos, no se puede conocer más claramente que por lo que Ciro hizo a los lidos cuando, tras haberse apoderado de Sardes, la capital de Lidia, y tras tener a su merced a Creso, aquel rey tan rico, y haberle hecho prisionero, se le dio la noticia de que los sardos se habían sublevado. Pronto los hubo reducido bajo su mano; mas, no queriendo saquear ciudad tan bella, ni verse siempre en la dificultad de mantener en ella un ejército para guardarla, se le ocurrió un gran remedio para asegurársela: estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, e hizo publicar una disposición según la cual sus habitantes debían frecuentarlos. Esta huarnición resultó tan eficaz que desde entonces nunca más fue necesario utilizar la espada contra los lidios: estas pobres y miserables gentes se entretuvieron en inventar todo tipo de juegos... No todos los tiranos han declarado expresamente así que quisieran afeminar a sus gentes; pero, en verdad, lo que aquél ordenó formal y efectivamente, la mayoría lo ha intentado secretamente.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, pág. 44.

Continúa el tema de la dominación, el embrutecimiento del pueblo, la sumisión mediante el entretenimiento. Vivimos en la sociedad del entretenimiento. ¿Alguien duda de su utilidad política?

viernes, 21 de noviembre de 2008

LA TIRANIA DESPOTICA NO ES COSA DE AHORA, SINO DE SIEMPRE. EL TOTALITARISMO ES UN IMPULSO ETERNO DEL HOMBRE

El Gran Turco ha caído bien en la cuenta de que los libros y la doctrina dan a los hombres, más que cualquier otra cosa, el sentido y el entendimiento para reconocerse y odiar la tiranía. Entiendo que en sus tierras apenas tiene sabios, y tampoco los solicita [de otras]. Ahora bien, por lo común el mucho celo y el afecto de aquellos que han preservado a pesar de los tiempos la devoción por la libertad, y por muchos que sean, es estéril porque no se reconocen entre sí: bajo el tirano, han sido totalmente despojados de la libertad de obrar, de hablar y casi de pensar, y permanecen aislados en sus fantasías. Por ello, Momo, el dios burlón, no se mofó demasiado cuando halló esto para criticar en el hombre que había hecho Vulcano: que no le había puesto una pequeña ventana en el corazón para que a través de ella se pudiesen ver sus pensamientos.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 41-42.

Que nadie piense que estas palabras del escritor de hace cinco siglos han perdido vigencia. En este mundo audiovisual la palabra ha perdido peso, y con ella, el pensamiento. Pero la virtud liberadora de una y de otro nunca ha decaído. Ahora bien, si nos complacemos más en espectáculos audiovisuales y menos en la lectura, somos menos libres, aunque, eso sí, mucho más modernos. Lo moderno es la esclavitud del homo videns.

Y es que quienes nos gobiernan, quienes nos mandan, quienes albergan en su corazón el deseo de acumular poder, siempre han deseado controlar a sus sometidos en aquella parte de ellos que saben que es el motor de su vida: su pensamiento y su voluntad. Los medios para hacerlo cambian. Antiguamente la religión era un buen instrumento de control. Hoy lo son los medios de comunicación y entretenimiento. La finalidad ha sido, es y será siempre la misma: que la gente no albergue ideas ni deseos que menoscaben el poder de quienes lo tienen, o que albergue ideas y deseos que aumenten el poder de quienes lo ambicionan. En suma, se trata de hacer de los hombres ovejas. Y de los lobos sus pastores.

Por último, obsérvese la inteligencia con que de la Boétie describe lo que se hace con la intelectualidad molesta. Se aisla a quienes son críticos, de modo que la falta de contacto con pensamientos afines les embote la mente, les haga creer que son víctimas de algún trastorno, que están locos y que los cuerdos son quienes les rodean. Se les aísla hasta que su propio pensamiento les parezca irreal. El coro multitudinario les hace creer en su propia idiocia. Hoy día ese coro aparece en las pantallas de nuestros televisores, se cuela en nuestros salones, nos pilla en pijama, desprevenidos, cuando no estábamos pensando en ello, nos abruma con su poder seductor y con su avalancha de sensaciones, nos aturde y final y paradójicamente nos convence. Aislado en su cubículo, el homo videns ha dejado de confiar en su propio pensamiento. Ahora no piensa. Sólo sigue las consignas que los representantes del coro mediático le vocean desde el tubo catódico o la pantalla plana. A la mañana siguiente, se levanta y, en la cafetería, mientras se come el croissant y se toma el primer cortadito de la mañana, habla con sus compañeros y, como sin querer, repite lo que oyó la noche anterior en el talk-show de turno.

De la Boétie, siempre tan actual...

miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA PRIMERA CAUSA DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

Es verdad que al principio se sirve forzado y vencido por la fuerza. Pero los que vienen después sirven sin pesar, y hacen gustosamente aquello que sus antecesores habían hecho por coacción. Ello es así porque los hombres que nacen bajo el yugo y son después criados y educados en la servidumbre, sin mirar más allá, se contentan con vivir como han nacido, y como no piensan tener otro bien ni poseer otro derecho que aquel con el que se han encontrado, toman por su natural el estado en que han nacido. Y sin embargo no hay heredero tan pródigo e indolente que no eche alguna vez un vistazo a los registros de su padre para comprobar si goza de todos los derechos de su sucesión o si no se le ha usurpado algo a él o a su predecesor. Pero, ciertamente, la costumbre, que en todo tiene un gran poder sobre nosotros, para nada tiene mayor fuerza que para enseñarnos a servir y (al igual que se dice de Mitrídates que se habituó a beber veneno) para enseñarnos a tragar y no encontrar amarga la ponzoña de la servidumbre. No puede negarse que la naturaleza tenga sobre nosotros algún poder para arrastrarnos a donde quiera y hacernos bien o mal nacidos, pero es necesario confesar que la naturaleza tiene menos poder sobre nosotros que la costumbre, porque el natural, por bueno que sea, se pierde si no es mantenido, y la educación nos hace siempre según es su forma, sea como sea, a pesar de la naturaleza....

... La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero su naturaleza también es tal que el hombre se pliega naturalmente a lo que la educación le da.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págS. 36-37, 40.

viernes, 14 de noviembre de 2008

COMO COMBATIR LA TIRANIA

Es cosa extraña oír hablar de la valentía que la libertad inspira en el corazón de los que la defienden. Mas lo que se hace en todo país, por todos los hombres, todos los días: que un hombre domeñe a cien mil, y les prive de su libertad, ¿quién lo creería si sólo lo oyera pero no lo viese, y si solamente se hiciese en países extraños y en tierras lejanas, y se supiera solo de oídas?, ¿quién no pensaría que esto es algo más bien fingido e inventado que verdadero? Aun así, no hay necesidad de combatir a este solo tirano, no hay necesidad de derrotarlo; es derrotado por sí solo con tal de que el país no consienta a su servidumbre; no hay que quitarle nada, sino nada darle; no hay necesidad de que el país se moleste en hacer nada por sí, con tal de que nada haga contra sí mismo. Son los pueblos mismos los que se dejan, o más bien se hacen devorar, pues dejando de servir se librarían de él.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, pág. 29.

jueves, 13 de noviembre de 2008

LA CUESTION ESENCIAL EN POLITICA



ETIÉNNE DE LA BOÉTIE

Ciertamente, es gran cosa, y sin embargo es tan común que estamos lejos de afligirnos, y mucho más aún de sorprendernos por ello, ver a un millón de hombres servir miserablemente, con el cuello bajo el yugo, no forzados por una fuerza mayor, sino de algún modo (eso parece) como encantados y fascinados por el solo nombre de uno, del que no deben ni temer su poder, pues está solo, ni amar sus cualidades, pues es con ellos inhumano y salvaje. La debilidad entre nosotros los hombres es tal, que a menudo es necesario que obedezcamos a la fuerza, es necesario que difiramos la acción, no podemos ser siempre los más fuertes... Nuestra naturaleza es tal que los comunes deberes de la amistad se llevan una buena parte del curso de nuestra vida: es razonable amar la virtud, estimar las buenas acciones, reconocer el bien de quien se ha recibido, y a menudo disminuir nuestra comodidad para aumentar el honor y las ventajas de aquel que amamos y lo merece. Así pues, si los habitantes de un país han hallado algún personaje que les haya mostrado fehacientemente una gran previsión para protegerles, una gran audacia para defenderles, una gran solicitud para gobernarlos; si a partir de entonces se acostumbran a obedecerle, y se fían de él tanto como para darle algunos privilegios, no sé si obrarán sabiamente, en tanto que con ello se le desplaza de una posición en la que hacía el bien para ponerlo en situación de poder hacer el mal. Mas, ciertamente, al menos no podría dejar de haber bondad [en el hecho] de no temer mal alguno de quién sólo se ha recibido bien.


Etiénne de la Boétie (1530-1563), Discurso de la Servidumbre Voluntaria. Liberty Fund. Inc./Trotta, Madrid, 2008, págs. 26-27.