jueves, 22 de enero de 2009

EL DISCURSO SOBRE LA FELICIDAD DE ARISTOTELES




Aristóteles considera el bien:

a) como causa final de las acciones;
b) y, por tanto, como el fin de todos los actos (EN* 1097a, 20-28).

Y considera como bien perfecto aquél que se busca por sí mismo y nunca por otra cosa (EN 1097a, 30).

En este sentido, contempla la felicidad como bien perfecto (EN 1097b) y como autarquía, pues el bien perfecto parece ser suficiente en sí mismo y no necesitar de ningún otro.

La felicidad es definida por el Filósofo según la función propia del hombre, la cual dice que es "una actividad del alma según la razón, o que implica la razón" (EN 1098a, 5-10).

Y, siendo la virtud la cualidad que confiere excelencia a las obras del hombre, "el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera" (EN 1098a, 15-20).

Muy relacionado con el tema de la felicidad y de la virtud lo está para Aristóteles el del placer. A este respecto, invierte el pensamiento habitual según el cual uno se aficiona a aquello que le produce placer, y afirma paladinamente que "el placer es algo que pertence al alma, y para cada uno es placentero aquello de lo que se dice aficionado", lo que de paso explica que "en general las cosas virtuosas gustan al que ama la virtud" (1099a, 5-10).

Pero, por si estas palabras indujeran al lector a pensar que en la vida todo es mera cuestión de gustos, el Filósofo se apresura a aclarar que las cosas virtuosas, además de ser del gusto de los amantes de la virtud, son también "agradables por sí mismas" (EN 1099a, 15). Lamentablemente, no nos explica mejor este oximorón, que lo es en tanto que el concepto "agradable" implica siempre un alguien a quien el objeto causa agrado.

Ello no impide, sin embargo, que el Estagirita atisbe certeramente que la vida de los hombres virtuosos "no necesita del placer como de una especie de añadidura, sino que tiene el placer en sí misma" (EN 1099a, 15). Pero, en mi opinión, no consigue explicar el mecanismo psicológico y moral al mismo tiempo que hace feliz al virtuoso en tanto que practicante convencido de la virtud. O no lo consigue, o ni siquiera lo pretende, por considerarlo algo tan obvio que tan sólo exige ser enunciado, para que no caiga en el olvido.

Aristóteles aúna en la felicidad la triple cualidad de ser lo mejor, lo más hermoso y lo más agradable.

Y, tras ello, se introduce en una inteligentísima consideración de las relaciones entre la fortuna, los bienes exteriores y la felicidad. Reconoce que "la felicidad necesita también de los bienes exteriores; pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando no se cuenta con recursos" (1099b).

Ahora bien, de lo anterior no se infiere:

a) que la felicidad sobrevenga por destino divino o incluso por suerte; definida la felicidad como actividad del alma de acuerdo con la virtud, se adquiere más bien mediante el hábito, el aprendizaje y la diligencia (1099b - 1100a);

b) que la felicidad dependa de las vicisitudes de la fortuna, pues la bondad o maldad de un hombre no dependen de aquéllas, y sin embargo la felicidad sí depende de que sea o no virtuoso (de hecho, según el Filósofo, el ejercicio de la virtud confiere a la vida una solidez y estabilidad extraordinarias, de tal modo que "ningún hombre venturoso llegará a ser desgraciado, pues nunca hará lo que es odioso y vil", e inversamente, puede considerarse "feliz" al que actúa de acuerdo con la vida perfecta y está suficientemente provisto de bienes externos no por un período fortuito, sino durante toda la vida", considerando como meramente "venturosos" a los que poseen bienes suficientes durante toda su vida (1100a, 1100b, 1101a, 5-20).

De esta manera, queda establecido en la Etica Nicomáquea de Aristóteles que la fortuna es condición necesaria, pero no suficiente, de la felicidad, siendo condiciones necesarias y suficientes una adecuada combinación de fortuna estable en el tiempo y de vida vivida virtuosamente.


*En adelante, designaremos con el acrónimo "EN" la Etica Nicomáquea de Aristóteles.

lunes, 19 de enero de 2009

¿ES LA FELICIDAD EL BIEN SUPREMO?

Puesto que todo conocimiento y toda elección tienden a algún bien, volvamos de nuevo a plantearnos la cuestión: cuál es la meta de la política y cuál es el bien supremo entre todos los que pueden realizarse. Sobre su nombre, casi todo el mundo está de acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad, y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz. Pero sobre lo que es la felicidad discuten y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios. Pues unos creen que es alguna de las cosas tangibles y manifiestas como el placer, o la riqueza, o los honores: otros, otra cosa; muchas veces, incluso, una misma parsona opina cosas distintas: si está enferma, piensa que la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; los que tienen conciencia de su ignorancia admiran a los que dicen algo grande y que está por encima de ellos. Pero algunos creen que, aparte de toda esta multitud de bienes, existe otro bien en sí y que es la causa de que todos aquéllos sean bienes.

Aristóteles, Etica Nicomáquea, 1095a, 4, 15-30.

En un principio, cuando leí este pasaje, me fijé en que el Filósofo no se cuestiona que la felicidad sea o no sea el bien supremo, sino que acepta lo que es opinión común entre "el vulgo y los sabios". Me irritaba que el Estagirita no se hubiese cuestionado también la opinión común acerca de cuál sea el bien supremo, que se supone además haya de ser la meta de la política (definida ésta, según se aclara en el texto en nota marginal, como la "ciencia que tiene como fin fijar las normas generales de la acción que aseguren el bien de los ciudadanos y, en definitiva, de la ciudad"; o sea, política como ciencia del arte del buen gobierno, no como técnica de adquisición y conservación del poder).

Pero lo he releído ahora, y me he percatado de algo: Aristóteles no dice que la felicidad, entidad sustancial de contenido delimitado, sea el bien supremo, sino más bien que a ese bien supremo todos, vulgares o cultos, lo llaman felicidad. Véase la parte de la cita que he resaltado en negrita: en ella se dice que "sobre su nombre, casi todo el mundo está de acuerdo".

Esto es de inmensa importancia, pues deja a salvo la autenticidad y radicalidad del propósito filosófico de Aristóteles. La cuestión no es ya si la felicidad es o no el bien supremo, sino que no sabemos de qué esta hecho dicho bien supremo, y aunque la gente tiene la costumbre de llamarlo "felicidad", eso no nos da pista alguna acerca de en qué consiste. Y esa es precisamente la investigación a la que en páginas sucesivas se lanza el Filósofo.

viernes, 16 de enero de 2009

EL BIEN DE LA CIUDAD Y EL DE CADA HOMBRE SINGULAR

...ella [la política] es la [actividad] que regula qué ciencias son necesarias en las ciudades y cuáles ha de aprender cada uno y hasta qué extremo. Vemos, además, que las facultades más estimadas le están subordinadas, como la estrategia, la economía, la retórica. Y puesto que la política se sirve de las demás ciencias y prescribe, además, qué se debe hacer y qué se debe evitar, el fin de ella incluirá los fines de las demás ciencias, de modo que constituirá el bien del hombre. Pues aunque sea el mismo bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y perfecto alcanzar y salvaguardar el de la ciudad; porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades.
Aristóteles, Etica Nicomáquea 1094b, 5-10.

¿Cómo es que Aristóteles comprende de un modo, digamos, tosco, que el bien de la ciudad es superior al de cada hombre singular? Su argumento principal es que el primero es "más hermoso y divino" que el segundo, razón por la cual aquél es "mucho más grande y más perfecto". La función directiva de la política, su virtualidad rectora de los demás saberes es presentada por el Estagirita como consecuencia de este carácter perfecto, divino, del bien de la comunidad, y al mismo tiempo como indicio, como pista que permite al investigador atisbar que el carácter supremo de la política tiene su causa en la superior perfección del bien común sobre el bien individual.

De algún modo, con perspectiva de hoy, parecería que el Filósofo elude el análisis de la medida en que la socialización constituye el ethos individual, y de la trascendencia que por consiguiente tiene una vida comunitaria bien ordenada para el bien singular de cada hombre. En lugar de hacer este análisis, recurre a argumentos menos perfectos, pero muy probablemente más persuasivos en su época. Lo cual convierte la Etica Nicomáquea en una pieza retórica de primer orden.

martes, 13 de enero de 2009

COMIENZO LA LECTURA DE LA ETICA NICOMÁQUEA...

Y me encuentro que el maestro de Estagira cita a Hesíodo:

El mejor de todos los hombres es el que por sí mismo comprende todas las cosas;
es bueno, asimismo, el que hace caso al que bien le aconseja;
pero el que ni comprende por sí mismo ni lo que escucha a otro
retiene en su mente, éste, en cambio, es un hombre inútil.

¿Por qué, en nombre de los dioses, hemos dejado de leer a los clásicos?