martes, 3 de marzo de 2009

JUSTICIA COMO LEGALIDAD Y COMO EQUIDAD

Habíamos dejado en el post anterior colgando la respuesta a la pregunta acerca de si la justicia es, ante todo, legalidad, o ante todo, equidad, o si se trata en realidad de un compositum, de una especie de solución mediopensionista que incorpore un poco de legalidad (o un mucho, vaya usted a saber...) y otro poco de equidad (o un todo, que esto no se sabe...).

Para empezar retomemos la cuestión donde la dejó Aristóteles antes de desvelarnos la raíz de la polisemia del término: todo lo que es legal, decía el genio griego, es en cierto modo justo. Bueno.

Más adelante en la Etica Nicomáquea, el Filósofo nos dice que la legalidad no es más que una especie de la justicia, es decir, que es justicia particular, limitada en relación con la justicia universal, la cual es por su parte manifestación de la justicia entendida como virtud total (EN 1130-a, 15-30). Con estas afirmaciones prepara el Maestro el terreno para su importantísimo discurso sobre la equidad. Antes, sin embargo, se detendrá en el estudio de las diversas formas particulares de justicia.

Por el camino que ya empezamos a ver que suele tomar Aristóteles, es decir, dando un rodeo, o lo que aparentemente es un rodeo, es como se produce esta introducción del lector en el discurso sobre la equidad, recorriendo sorprendido la tersa prosa de la Etica Nicomáquea. Así, el Filósofo hace una serie de interesantísimas consideraciones a propósito de las relaciones entre justicia e igualdad que es preciso glosar aquí.

Al tratar de la justicia distributiva y de la justicia correctiva, presenta ambas como proporción en las relaciones intersubjetivas, bien geométrica, bien aritmética. Esta proporción es la forma en que se concreta el elemento "equidad" del concepto de justicia, y consistiría en una "igualdad de razones", es decir, en una igualdad en las relaciones. Esta es una forma compleja de la igualdad, porque "requiere, por lo menos, cuatro términos... También lo justo requiere, por lo menos, cuatro términos y la razón es la misma, pues son divididos de la misma manera, como personas y como cosas" (EN 1131-a, 30; 1131-b, 0-5).

Como se ve, al tratar la igualdad propia de la justicia como proporción, Aristóteles desdeña la igualdad material, que considera propia de las proporciones contínuas (ab=bc) (EN 1131, a-b; 1132-a). Por eso, dice, justicia no equivale a reciprocidad o, al menos, no siempre. En realidad, lo que quiere decir es que no se trata de una reciprocidad en la igualdad, sino en la proporción:

...en las asociaciones por cambio, es esta clase de justicia la que mantiene la comunidad, o sea, la reciprocidad basada en la proporción y no en la igualdad (EN 1132-b, 30).


En estas asociaciones por cambio (¿y cuál no lo es, más allá del amor, la familia y la amistad?) el elemento principal de su cohesión lo constituye la necesidad, que a su vez es el motor del intercambio, y cuya intensidad se expresa numéricamente a través de la moneda, la cual se erige así en instrumento clave de la justicia, tanto distributiva como correctiva: "la moneda -dice Aristóteles- ha venido a ser como una especie de sustituto de la necesidad en virtud de una convención" (EN 1133-a, 25-30).

Y aún no hemos llegado al discurso aristotélico sobre la equidad. El rodeo del Estagirita continúa.