miércoles, 25 de marzo de 2009

¿POR QUE HAY QUE DEDICARSE A LA POLITICA?

Concluida la lectura de la Etica Nicomáquea de Aristóteles, me he ido a La República y Las Leyes de Marco Tulio Cicerón. ¿Por qué? Pues porque estoy convencido de que los antiguos tienen respuestas válidas para preguntas actuales. Zanganeo por las páginas de esta obra clásica entre los filósofos del Derecho, en busca de pasajes reveladores. El primero que asalta mi atención es el que dedica a recomendar la dedicación activa de los mejores a la política.

Comienza retomando la tesis aristotélica sobre la virtud, de la cual recalca el carácter esencial de su ejercicio sobre su conocimiento teórico. De hecho, dice, "la virtud radica por completo en el ejercicio de sí misma. Y el ejercicio más importante de la virtud consiste en el gobierno de la ciudad y en conseguir la perfección real, no teórica" (La República (en adelante, LR), Libro I, II, 2).

Cicerón lleva las cosas al extremo de proclamar la superior excelencia del buen gobernante, especialmente en relación con los sabios o estudiosos:

... el ciudadano que consigue, por medio del poder y de las penas impuestas por ley, que todos realicen aquello para lo que los filósofos apenas si son capaces de convencer a unos pocos con su palabra, ése ha de ser considerado superior incluso a los propios maestros que investigan ese tema (LR Libro I, II, 3).

Por eso, el Arpinate reclama que "mantengamos con firmeza el camino que siempre fue de los mejores y no prestemos oídos a esas señales que tocan a retirada, e intentan hacer volver atrás incluso a los que ya están en primera línea (idem). Repasa los argumentos contrarios a su tesis, entre ellos el de los peligros y males a que se exponen quienes se dedican a tareas de gobierno, y también el argumento de que, dado que sólo personas indignas y corruptas buscan el poder, no es propio de hombres virtuosos hacer lo mismo. A éste último, Cicerón replica lo siguiente:

Como si para los hombres de bien, los valerosos y los dotados de coraje hubiera alguna causa más justa para dedicarse a las tareas del Estado que el no tener que obedecer a los malvados, ni soportar que la república sea destrozada por aquéllos; pues, ellos por sí mismos no serían capaces de prestarle auxilio aunque lo desearan (LR Libro I, V, 9)

Por otro lado, "no hay posibilidad... de servir a la república de manera espontánea o cuando a uno le viene en gana, aunque se vea amenazada por los peligros, si no se está en una posición tal que te permita hacerlo" (LR, Libro I, VI, 10). Por eso, "aunque fuera cierto que el sabio no suele descender por su propia voluntad a los asuntos públicos, de no verse obligado por las circunstancias, pues en ese caso no rehusaría su deber, no obstante, yo seguiría pensando que en modo alguno la ciencia política ha de ser descuidada por el sabio, sobre todo, porque tendrá que tener todos aquellos recursos que ignora, por si algún día tuviera que utilizarlos" (LR, Libro I, VI, 11).

En la vida política española, tan afectada por el cinismo ambiente de un sistema político que apenas si se ha cubierto las vergüenzas asumiendo los ropajes exteriores de una democracia, pero que no es más que una oligarquía apenas disimulada, de urbanizadores, banqueros y una nomenklatura formada por aprendices de intrigante, vicemaquiavelos, rasputines de todo a cien, y grandes "patrones" agrupados en esas pirámides de poder político que son los partidos; en la vida política de este país echado a perder desde que prefirió un dictador a hacer frente a sus crisis internas, desde que la última de una larga serie de guerras civiles que se prolongó durante un siglo acabó de descomponer un espíritu nacional que, dicen algunos, vio la luz en 1812, aunque yo creo que empezó a morir en esa fecha; en la vida política española, en fin, tal y como se la ve desde cualquier rincón de nuestra geografía, desde cualquier posición en la escala social, desde cualquier atalaya, el consejo de Cicerón, de no abandonar la política en manos de los peores, de los viles, de los malvados, de los excesivamente ambiciosos, de quienes no miran por el bien común sino por el poder propio, resulta al mismo tiempo oportuno y molesto, irritante y acertado.

Pero, decidme, ¿quién se atreve a dar el primer paso?

1 comentario:

firmin dijo...

Me ha impresionado tu nuevo perfil, lo de contar cada minuto que te queda mirando hacia...el fin! me parece angustioso. Creo que es mejor vivir el momento, y procurar no desperdiciarlo, porque nunca se sabe...y puede que sea mejor así.
Te pregunto, tú que te codeas con los clásicos ¿en que sentido usa Aristóteles y, me imagino que Cicerón el término virtud. ¿ en el sentido cristiano o en el sentido de de valor o temple en que lo usaba Maquiavelo? Me impresiona en la que estás metido aunque ya sé que lo alternas con cosas menos hard (es así?, me refiero a hard) Besos.